VLADIMIR GALEANA / Ilustre secuestradora

Nestora Salgado García nació en Olinalá, un pueblo de La Montaña guerrerense que se ha distinguido por el artístico trabajo de sus artesanos plasmado en el decorado de las afamadas cajitas de Olinalá, hechas de madera de árbol de linaloe, que da nombre a una de las canciones más conocidas de la tradición guerrerense y cuyo compositor fue Agustín Ramírez. Como lo he señalado en otras entregas, La Montaña de Guerrero es uno de los lugares con mayor pobreza en el país.

Ahí fue donde Nestora Salgado adquirió fama y poder por los excesos cometidos por esos amorfos entes llamados policías comunitarias que operan en los límites de lo legal y lo ilegal, claro está, cuando así conviene a muchos de quienes los encabezan. Pero hay algo que no se debe de vista, y es que hacen justicia por propia mano y han llenado de muertos gran parte del estado de Guerrero, y por mucho que se “defiendan” como lo aseguran sus principales dirigentes, nadie puede por simple ocurrencia armarse y pretender imponer el orden y la justicia de acuerdo a como ellos piensan que tiene que ser.

México es un país de leyes, y aunque los usos y costumbres indígenas tengan carácter legal, ampararse en ellos para constituir grupos que deciden la vida de las comunidades es violatorio de la propia Constitución Política del Estado de Guerrero y de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que están por encima de cualquier instrumento regional y de usos y costumbres. Hasta ahora las presuntas policías comunitarias de Guerrero no cuentan con permisos de portación de armas, y mucho menos con un registro puntual de sus integrantes.

Funcionar por ocurrencias o a la “Buena de Dios” no es legal, y hace días Nestora Salgado tuvo la ocurrencia de pretender asistir con un presunto grupo de personas armadas a una concentración encabezada por Andrés Manuel López Obrador. Desde luego que el Ejército Mexicano no le permitió el paso y eso fue suficiente para buscar colocarse como víctima del sistema. Claro está que esa circunstancia le vino como anillo al dedo para incrementar su activismo y alcanzar esa senaduría plurinominal que generosamente le fue ofrecida por López a obrador.

Quizá lo que no entiende la señora Nestora Salgado es que en este país los mexicanos nos hemos dado un cuerpo legal que rige las relaciones entre sociedad y gobierno, pero que principalmente garantiza la convivencia armónica de los mexicanos, y nadie, por muy policía rural que sea o pretenda ser, pude alterar ese orden social para demostrar que se tiene mayor fortaleza que los demás. Todos somos iguales ante la ley, y si yo no puedo portar un arma porque puedo ser sancionado, ella tampoco, aunque no le guste la comparación.

El derecho de portar un arma para defenderse termina donde se pretende su utilización para someter a los demás. No es con la imposición de la voluntad unipersonal como tiene que seguir funcionando este país. Que una presunta secuestradora llegue representando la soberanía del estado de Guerrero simplemente porque al señor López Obrador se le ocurrió que había que exonerarla de los delitos cometidos, me parece patético.

Si esa va a ser la tónica de su gobierno, en el probable caso de que gane la Presidencia de la República, lamentaremos durante mucho tiempo haber cedido a sus pretensiones de poder. Al tiempo.

VLADIMIR GALEANA / @capitalmedia

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