SILENCIOS ESTEREOFÓNICOS / La noche en la que Morrissey marcó el rumbo de la música

Por: Félix Morriña/ Fotos: César Vicuña
 
¡A “París-Londres” por la oportunidad de ser parte de su vida!
 
No podía ser de otra forma, ni podía ser imaginado de mejor manera. Fue, será una noche redonda, una velada inolvidable. Steven Patrick Morrissey ofreció la noche del pasado viernes 31 de marzo, en el Palacio de los Deportes, uno de los mejores recitales que le haya visto en sus distintas visitas a México. Este “Servibar y amigo” tuvo el mejor regalo que la vida le haya podido dar hasta ahora en materia sonora, y vino de la mano, del brazo, del cariño y amor profesado por su amada “París-Londres”, quien no dejó de cantar, bailar y volar con cada una de las 21 rolas que interpretó a lo largo de casi dos horas el cantautor británico.
El otrora líder de The Smiths arrancó su concierto con una serie de imágenes sociopolíticas en la única pantalla gigante que fue parte de la parafernalia escénica utilizada para este encuentro con su público mexicano. Toda la influencia inglesa punk de los años 70 pasó por nuestros ojos, así como de momentos históricos de esa nación que cambió el rumbo de la música y el destino de la cultura inglesa.
A diferencia de las ocasiones anteriores que le he visto (Auditorio Nacional y Palacio de los Deportes, entre otros foros de menor capacidad del interior de la República), Morrissey planeó un set list para dejarnos bocabiertos desde el principio. No nos dio oportunidad ni de respirar, ni nos permitió despistarnos, porque rola tras rola era éxito tras éxito. Además, en esta ocasión fue mucho más directo en sus mensajes políticos. Se le fue al cuello al presidente estadounidense, Donald Trump, a la fiesta brava, a los abusos policiacos de todas partes del mundo y a los carnívoros (él es un vegano extremista). ¡No dejó títere con cabeza!
Imagínense empezar el recital con “Suedehead”, luego continuar con “Alma Matters” y después con “How Soon Is Now?”, la primera rola de la noche de la época con The Smiths y pieza nodal de la banda sonora de todos aquellos que crecimos con esa mítica agrupación. Escucharla esta vez al lado de uno de los seres más importantes de mi existencia, fue caso aparte, fue un asunto que marca un antes y un después; es un parteaguas en el rumbo a seguir. ¿Un concierto puede cambiarlo todo? ¡Sí!Sobretodo, si se trata de un ser como Morrissey, un artista serio, complejo y muy completo. Ya les he contado que Morrissey es una rara mezcla de Elvis Presley, James Dean y  Oscar Wilde. Es un ente que modifica el sentir de las masas con canciones muy estructuradas y directas. Morrissey sabe marcar el rumbo de la música.
Cuando entonó “First Of The Gang To Die”, de inmediato me remontó a la época universitaria en la que comienza el pesar por los amigos caídos en plena lucha ideológica; con “Kiss Me a Lot”, cerré un ciclo en las relaciones interpersonales; con “Ganglord”, me sentí el pandillero más reconocido del barrio; con “Speedway”, olvidé el camino a casa por los excesos; en “World Peace Is None Of Your Business”, emprendí camino a los servicios sanitarios en donde encontramos a mi viejo comparsa y amigo Bulmaro Osornio Morales, un cineasta con mejor callo en los documentales. Hablamos poco, pero conoció a mi “París-Londres” y eso era lo importante.
Algo que me pareció extremista de parte de Morrissey y de su sofisticado equipo de trabajo, es que no hayan dejado a los colegas foto reporteros hacer su trabajo en la zona asignada frente al escenario, pero los organizadores en México, entiéndase Ocesa, resolvieron el asunto poniendo un pequeño set a un costado de la consola de sonido, con lo cual los camaradas, que traen consigo equipos de alto nivel, sacaron las imágenes, los mejores aspectos del concierto.
Ellos hicieron lucir la gallarda imagen de Morrissey, quien salió con un brillante y elegante saco plateado, unos jeans que hacían juego con el saco, unos colgijos en el pantalón que no se alcanzó a distinguir para qué son. Morrissey no usó esta vez camisa, ni camisola, sólo lo protegía ese saco que debería estar en mi guardaropa. Como buen amante del estilo rocker de los años 70, Morrissey canta con un micrófono alámbrico, a él le gusta jugar con el cable, se enreda, lo usa como látigo, lo emplea para hacer figuras en el aire; mientras los músicos que le acompañan hacen que el divo sea la única estrella de la noche. Sus geniales músicos procuran no salirse de lo planeado, no ir más allá del guión, pero logran que el producto sea redondo, la fórmula es exitosa, funcional.
Morrissey cantó en total cinco canciones de la época con The Smiths: “There Is A Light That Never Goes Out”, “Meat Is Murder”, “Shoplifters Of The World Unite”, “What She Said” y la mencionada “How Soon Is Now?”. Mi amor, mi pareja, fiel amorosa compañera, fervorosa testigo, discreta cómplice y amiga única, la pasó de lo mejor, porque ella, pese a haber vivido en Inglaterra durante su maestría, no había visto a uno de los músicos ingleses más apreciados por la comunidad rockera de allá. Para “París-Londres” fue una cita histórica, como lo fue también para este “Servibar y amigo”, quien bebió whisky y cerveza con ella durante el recital.
Por supuesto que el haber hecho las compras de los souvenirs de manera anticipada hizo que apreciáramos el concierto de pies a cabeza y viceversa. El haber escuchado además las canciones “Istanbul”, “The Bullfighter Dies”, “Ouija Board, Ouija Board”, la maravillosa “Everyday Is Like Sunday”, la amorosa “Let Me Kiss You”, la potente “Jack The Ripper”, la encantadora “You’re The One For Me, Fatty” y la estupenda “You Have Killed Me”, fue para nosotros el mejor enlace para ir por la calle, rumbo a nuestro destino de la mano, del brazo, hombro con hombro, cabeza con cabeza, piel con piel, alma con alma.
Morrissey realizó de encore, un cover a la rola de los Ramones, “Judy Is A Punk”, sólo para recordarnos que tiene sangre punker, que hace rolas sufridas como canciones amorosas, como también piezas históricas. No podía ser de otra manera, ni podía ser imaginado de mejor manera. Gracias amada “París-Londres” por este maravilloso regalo, gracias por ser parte de mi existencia. Gracias por la oportunidad, gracias por el momento histórico, y por supuesto, ¡gracias Morrissey! ¡Hasta la próxima!
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