MIGUEL A. LÓPEZ FARIAS / Picotazo político.

 

La frase nos pinta de cuerpo entero: «hay que ser puercos, pero no trompudos». Se entiende que se vale ser un poco abusivos, pero no mucho, por estructuras culturales como esta es que no nos despeinamos cuando de corrupción se trata.

Los mexicanos, somos muy buenos para el maquillaje, país de simuladores y no estoy faltando el respeto a nadie, así nos ha acomodado a lo largo de los años, siglos enmascarando sufrimientos y exaltando gozos, ¿por qué habría de ser distinto con el tema de la «transa»?

Todos la hemos practicado, sólo que a muchos se les da «poquito», a pocos se les da «muchito», son contadas aquellas personas que se pueden decir libres de tirar piedras.

El presidente Peña Nieto no se equivocó cuando se refirió a la corrupción como un tema cultural, lo linchamos, y no sin falta de razón, pero sin mucho peso moral para hacerlo. Transparencia internación nos vuelve colocar el plato sobre la mesa, somos un país de corruptos, la ciencia de las estadísticas nos disecciona y reflejan que aquí todo se puede por medio del «moche»…perdón, pero no nos están mintiendo, el problema no es si esto nos resulta incómodo, sino que ya no es novedad, mañana no será nota, mañana todos a continuar con sus vidas y sus anécdotas.

Mientras que el cáncer siga creciendo, púes esto de la corrupción ha permitido que la impunidad se instale a sus anchas en el pais, evitando que los pocos esfuerzos por combatirla se estrellen de frente. ¿le interesa a los partidos políticos combatirla?

No, la corrupción les permite el blindaje necesario para que quien se encumbre no solo lo haga para obtener poder, sino mucho dinero. Garantizar su vida y la de los suyos por medio de la actividad pública, y claro que caen aquellos funcionarios que se vuelven locos con los billetes, los que rebasan los límites, como Duarte, Borge, etc., pero si el robo es mesurado no hay problema.

Es aceptado, líderes de partidos que llegan a acumular riquezas por medio de negocios, de contactos, de trueques, de intercambio de favores; empresarios que conocen el manual del cómo abrirse camino para no tener obstáculos, reparten dinero, sobornan y se dejan sobornar, la cadena es larga y todos la conocemos, desde los cinco pesos para el poli por dejarnos estacionar hasta las palancas para entrar a trabajar ¿de qué nos quejamos? ¿realmente tenemos ganas de cambiar el rostro inmundo de la corrupción? ¿o solo es pose para llamarnos «agraviados”, molestos?

Y esto no se arregla con leyes, es un tema educativo, cultural; sembrar en nuestros hijos es el cambio de paradigma, así que la muerte de la corrupción no será vista por estos ojos, sino dentro de muchas generaciones. Esa es nuestra realidad.

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