MIGUEL A. LÓPEZ FARIAS / Picotazo Político.

La fuerza de la sangre nos ha hecho inconmovibles, o eso parece…le diré: algo muy podrido se ha apoderado de nuestra cotidianeidad, el barbarismo de todos los días es masticado con singular calma, nada nos llena en esta feria de horror, pero aun así, no debemos dejar de sentir asco cuando al abrir los ojos nos encontramos con actos bestiales que van más allá del asombro: sucedió el 9 de diciembre del 2017, en Uruapan, Michoacán, son de esos casos que pasan de noche ante la “importancia” de la agenda nacional, vamos, peso más el Ferrari maldito de la autopista del sol y dos mujeres calcinadas, que esto que les platicare.

Marisela, de 28 años y sus dos hijitos ,Cristian y Alejandro, de dos y ocho años de edad fueron asesinados a punta de navajazos, su padre los encontró, en medio de charcos de sangre, ella trato de defenderse pero se ensañaron, de los chiquillos sobra decir la brutal manera en la que los mataron, los dos hermanitos terminaron abrazados, en un acto de protección del mayor con el más pequeño…ningún vecino supo que ocurrió, la procuraduría de Michoacán tiene por sospechoso al esposo, Jorge Alejandro, pero hasta donde apunta ,no hay nada que lo involucre, es más, la familia de su esposa habla de que Jorge Alejandro siempre fue un padre ejemplar, enamorado de sus hijos y su familia.

Mientras , el viudo se consume en uno de los dolores más profundos, enloquecedores que cualquier ser humano pueda experimentar…se habla de haber visto a un “vicioso” rondar el lugar con la playera llena de sangre, se habla de un vecino, se habla de la delincuencia organizada, se habla de que se trató de una obra del diablo…lo que haya sido nos muestra el terrible camino por el que pasa esta nación, pues se trató de Uruapan, pero igual pudo haber ocurrido en la ciudad de México o en Nuevo León…estamos frente a elementos que nos arrojan una de las crisis morales más dolorosas, y que bien pueden ser producidas por el deterioro social y la degradación de la escala de valores.

El que cualquier mexicano inocente caiga muerto, sea ejecutado, sea secuestrado o termine lleno de navajazos debería obligarnos a que todos nos replantemos el modelo de país que estamos regando, en el que abonamos todos los días montañas de basura emocional y de resquebrajamiento mental a una olla que nos arroja este tipo de capítulos…los asesinatos en contra de mujeres y niños no pueden ser considerados como parte de este paisaje ,pero está ocurriendo y lo más grave es que cada vez se dan con mayor frecuencia, generando la idea de que la bestia de la violencia no tiene fondo. Violencia y muerte que es arropada por la impunidad, porque sean una mujer y sus dos pequeños hijos o 19 en el colegio Rebsamen …los mexicanos, en ese aspecto nos hemos roto, la muerte en todas sus modalidades ya se sienta con total impunidad en la mesa de todos nosotros.

Y de esto poco hablan los políticos y peor, poco se trata hacia dentro de los hogares mismos, ahí, en donde el caudal de malas noticias sigue minando las esperanzas y provoca que el infierno de los crímenes se quede como fondo de nuestra vida cotidiana. Moralmente los mexicanos estamos perdiendo la guerra más brutal, la de la indiferencia. Esto sí es ya una tragedia.

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