El sindicato de maestros mexiquenses se calienta

JOSÉ CONTRERAS CONTRERAS / Agencia Cuestión de POLÉMICA

José Manuel Uribe Navarrete enfrenta su primera crisis seria al interior del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México, (SMSEM), el cual dirige. Son los jubilados quienes han puesto sobre la mesa un verdadero desastre administrativo que si bien seguramente no es culpa del nuevo dirigente de los profesores estatales mexiquenses, sí corresponderá a él atenderlo y, en la medida de las posibilidades, resolverlo.
Los jubilados del magisterio mexiquense calculan que su sindicato les debe, a cada uno, algo así como 80 mil pesos, derivado de aportaciones que ellos hicieron al llamado Fondo de Ahorro para la Jubilación y Apoyo Múltiple (FAJAM) y al Fondo de Retiro.
Se trata de fondos de ahorro que los maestros en activo van cubriendo con cuotas quincenales de aportación a su sindicato, dinero que se suponía deberían estar guardado o invertido en algún lado y que, cuando alguien se jubila, termina su vida laboral activa, pues el sindicato tiene la obligación de devolvérselo en efectivo para que la vida sea un poco más cómoda.
Esas aportaciones se cubren puntualmente en todos los casos, porque a los profesores adscritos al Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México ni siquiera les preguntas si quieren o no participar de esos fondos, simplemente se les deducen de sus salarios, gracias a un convenio que sigue vigente entre el SMSEM y la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Estado de México.
Hasta donde se sabe, la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Estado de México junta esas deducciones salariales y las entrega mensualmente al Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México, y es esa organización gremial la que decide en qué invierte los recursos para intentar fortalecerlos y hacerlos crecer en beneficio de los jubilados.
Lo malo es que presumiblemente tiene varios años que esos recursos fueron utilizados para cualquier cosa menos en beneficio de los agremiados. Primero se supone que el Sindicato de Maestros se convirtió en promotor turístico y creó casas de descanso, que en realidad son hoteles, en sitios como Ixtapan de la Sal, Tonatico o Valle de Bravo, y después incluso en tierras de Guerrero, a unos 30 minutos del paradisiaco puerto de Acapulco.
Con el dinero de esos fondos de los jubilados se construyeron auténticos hoteles donde los sindicalizados podían obtener rentas para ir unos días de descanso con sus familiares, lo que evidentemente generó más dinero, pues nada ahí es gratis, todo se cobra y todo se paga, lo que representa un negocio para el mismo Sindicato de Maestros.
Viéndolo así, se supone que ese dinero lejos de encogerse se debió multiplicar, pues si bien es cierto que se utilizó el dinero para construir esos centros de descanso, luego éste tendría que recuperarse y hacerse más, pues se supone que hubo ganancias vía las rentas de espacios, habitaciones y salones para eventos.
No obstante, algunos de los ex secretarios generales del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México observaron que ese dinero, que era mucho, se podía “pellizcar” para otros fines, por ejemplo, para financiar el activismo electoral de los profesores, tanto a favor de su partido político, el Revolucionario Institucional, como para ellos mismos cuando aspiraron justamente a la secretaría general del SMSEM, siempre en alianza o contubernio con los respectivos tesoreros que han tenido la responsabilidad de administrar esos recursos.
Pero con la caída electoral del PRI vino también la pérdida financiera de esos fondos, pues el compromiso era que los secretarios generales en turno, o sus allegados, dispusieran de ese dinero para sus incursiones políticas, con la condición de que cuando ganaran y llegaran al cargo buscado, con los jugosos salarios que eso conllevaba, pudieran devolver el dinero a las arcas magisteriales.
Pero eso no fue siempre así, pues en cuanto los líderes magisteriales comenzaron a cosechar derrotas en las elecciones locales y federales, de la mano del PRI, pues se vieron en la incapacidad de devolver el dinero, por lo que las mermas aparecieron y pronto éstas fueron elevándose, a grado tal que ahora es más lo que se debe que lo que hay para cubrir a quienes ya se jubilaron.
Esa es la verdad de ese conflicto, el problema es que difícilmente se le podrá cobrar, por ejemplo, a Abraham Saroné, el último que “pellizcó” esos fondos para su frustrada campaña electoral, pues al ser derrotado ya no gozó del jugoso salario que esperaba para poder devolver el dinero de esos fondos de jubilación.
Es un problema que, insisto, José Manuel Uribe Navarrete no propició, pero que hoy, como secretario general del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México tiene la obligación de enfrentar y resolver, porque no se les puede decir a los jubilados que ese dinero ya no está, que simplemente desapareció y que ya no gozarán de ese derecho que tenían a lo ahí ahorrado.
Y en caso de que en verdad esté el dirigente magisterial en la imposibilidad de resolver ese conflicto, pues lo que debe hacer es dar cauce a una investigación, a un arqueo, a una revisión de fondo para determinar cuándo fue que comenzó la fuga, quién la propició, quién se benefició de ese recurso, y actuar como le corresponde, en el marco de la ley, dar vista al ministerio público y buscar se finque responsabilidad penal a quien la tenga.
Quien se queda con cualquier cosa de valor de otra persona, comenzando por dinero, es responsable de robo y de abuso de confianza, incluso abuso de autoridad, y como tal tendrían que ser tratados los ex secretarios generales y ex secretarios de finanzas o tesoreros que pudieran estar involucrados en esta millonaria tranza que ha quedado al descubierto en esa organización gremial que agrupa a más de 100 mil docentes del Estado de México.

No actuar de esta forma, apegado a la ley, convertiría a Uribe Navarrete en cómplice de algo que evidentemente está mal, y, de ser así, él mismo se estaría involucrando en un hecho ilícito que tarde o temprano le estallará entre las manos.

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