VLADIMIR GALEANA / Amnistía en pejelandia.

Cuando ha puesto en práctica alguna de sus ocurrencias, los mexicanos somos quienes pagamos los platos rotos.

Primero le hizo un himno al PRI y pensó que eso era suficiente para obtener una candidatura. Después vino el plantón en el Zócalo de la Ciudad de México, y Manuel Camacho le entregó del bolsillo de los ciudadanos 408 millones de pesos para que se fuera.

Cuando gobernó a la capital de la República decidió quitar 20 por ciento del salario a cada uno de los trabajadores, y comenzó el diseño de programas de regalo de dinero que al fin y al cabo le proporcionaron muchos adeptos y capital en suficiencia para seguir su activismo. Los llamados programas sociales, que en la mayor parte de las veces nunca fueron auditados, fue el parapeto ideal para disponer de recursos sin comprobación y hacer campaña a la Presidencia de la República.

La segunda sería sufragada por el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard Casaubón, a quien dejó de encargado del gobierno.

Lo peor de todo es que se esquematizó un robo descarado en el costo de la Línea 12 del Metro, que de un cálculo inicial de 32 mil millones, al final los mexicanos tuvimos que pagar 52 mil 500 millones de pesos. El hurto fue de 20 mil millones de pesos, y resultaron suficientes para mantener el aparato de campaña.

La última de las ocurrencias del señor Andrés Manuel López Obrador ha sido ofrecer la amnistía a quienes durante años se han dedicado a ultrajar, matar, envenenar y a sembrar el terror en diversas partes del país. Aquellos que ahora se dedican al narcotráfico y al sicariato, pueden entrar al reino terrenal que les ha ofrecido el tabasqueño simplemente dejando de hacer lo que han venido haciendo, es decir, matar y envenenar con droga a los mexicanos.

Desconozco hasta dónde el señor López Obrador esté “bien de sus cabales” como reza el argot popular, porque en lo personal creo que anunciar una posible amnistía a quienes han causado tanto daño a los mexicanos, con tal de que nos dejen en paz de una vez por todas, es lo mismo que convertirse en socio de ellos y legalizar el mal que han causado en distintas regiones del país. La estela de muerte que han sembrado los miembros del narcotráfico durante tantos años ha provocado un inmenso dolor en todos los mexicanos, pero francamente no creo que eso le importe al señor López Obrador.

No sé si el tabasqueño haya imaginado al “Mayo” Zambada, a los hijos de Joaquín Guzmán Loera, y a toda la pléyade de peligrosos delincuentes caminando plácidamente por la avenida Reforma. Porque una propuesta de esta índole solamente puede salir de un cerebro lleno de fantasía y alejado de la realidad. Pensar siquiera en dejar de aplicar el peso de la ley a quienes tanto daño han causado es un recordatorio materno para quienes han padecido la muerte o desaparición de un familiar.

Comienzo a pensar que el señor López Obrador verdaderamente es un peligro para México. Al tiempo.

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