TAL CUAL / AMLO: “La jinco, a la jinco…”

LUIS CARLOS RODRÍGUEZ GONZÁLEZ / Agencia Cuestión de POLÉMICA

“A la jinco, a la jinco, regreso a la jinco”, nos decía con un marcado acento tabasqueño el entonces presidente nacional del PRD a la fuente que cubríamos ese partido, cuya sede estaba en la calle de Monterrey, en la colonia Roma, cuando intentábamos entrevistarlo antes de que saliera a comer.

Invariablemente nos bateaba como se dice en el argot beisbolero que tanto le gusta a Andrés Manuel López Obrador. Por aquellos años de 1997 y 1998 las entrevistas y exclusivas eran para los compañeros de “La Jornada”.

Años antes, en 1994, cubrí el proceso electoral en Tabasco entre Andrés Manuel y el priísta Roberto Madrazo Pintado. En estas elecciones se denunciaron diversos delitos electorales por el hoy electo Presidente de la República, quien acusó la existencia de un fraude e inició lo que denominó el “Éxodo por la Democracia” desde Villahermosa a la Ciudad de México para protestar y exigir la anulación de los comicios.

Madrazo estuvo a punto de ser destituido desde la Secretaría de Gobernación, pero al final logró maniobrar y utilizando jóvenes armados que fueron liberados de un penal desalojó la Plaza de Armas en Villahermosa, donde había un plantón de perredistas y logró entrar a Palacio de Gobierno.

Presencie la forma en que prácticamente corrieron a punta de balazos a los seguidores de López Obrador, a algunos dirigentes como Auldárico Hernández Gerónimo, lo lazaron y lo arrastraron por las calles los enviados de Madrazo y del entonces gobierno del PRI.

Estuve debajo de una camioneta escuchando los balazos junto con otros compañeros reporteros. A la “jinco -cinco- de la tarde como dicen en Tabasco, la Plaza de Armas ya era una verbena popular con feria y puestos de antojitos.

Un compañero periodista de “La Jornada” me contó que por esos días fue a entrevistarlo a su casa en Tabasco y mientras se realizaba el encuentro Andrés Manuel estaba cosiendo con una gran aguja e hilo unos zapatos viejos a mano.

A la cinco inició el cierre de campaña de Andrés Manuel en el Estadio Azteca el pasado 27 de junio. Ahí estaba yo junto con unos 200 periodistas nacionales y extranjeros escuchando a Margarita, a Belinda y a otros artistas. Le pregunte a un compañero que cubrió los 90 días de la tercera campaña presidencial del tabasqueño que si estábamos ante un auténtico demócrata o un encantador de serpientes.

En medio del recibimiento como “rock star” en el Azteca, con más de 100 mil personas que prácticamente lo idolatraban y escuchaban atentos para de vez en vez interrumpirlo con el grito de “Presidente, Presidente”, me contestó: “Creo que es un demócrata, alguien que realmente quiere solucionar los problemas del país, pero el problema son algunos personajes con los que hizo alianzas que eran indispensables para ganar, pero que tendría que sacudirse de ellos”.

A bote pronto de lo que ocurrió este domingo en el país, con un triunfo arrollador e histórico  no de la izquierda, no de los candidatos a la Jefatura de Gobierno, gobernadores o senadores de Morena o de otros partidos que lo apoyaron, sino únicamente de Andrés Manuel, creo que tendrá poco margen de maniobra para apaciguar y regresar la gobernabilidad a un país incendiado por los cuatro costados por  el crimen, la delincuencia y la corrupción que son herencia de Peña y Calderón.

Tendrá que sacudirse de los aliados incómodos como los Manuel Bartlett, los Bejarano, los Carlos Imaz, los Gómez Urrutia, los Miguel Barbosa y tantos otros que se le han sumado en los últimos años y meses para agarrar un hueso.

Andrés Manuel no podrá decirle a todos esos millones que votaron por él, que confían ciegamente en su liderazgo, pero que también sufragaron en contra de la violencia, contra el aumento de la pobreza o el desempleo, en contra de la delincuencia, de los casos Casa Blanca, Odebrecht, los socavones o la estafa maestra, “a la jinco, a la jinco, nos vemos la jinco”.  Tal Cual.

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