MIGUEL A. LÓPEZ FARIAS / Picotazo político.

 

Achacarle a Trump el que desquiciados anden libres en su país asesinando gente es acusarlo de manera excesiva, pero no del todo. La lista de gente inocente que ha caído muerta en ataques que van desde los de corte extremista hasta los de arranques de esquizofrenia resultan preocupantes, pero no se dan por generación espontanea, existe un hilo muy fino pero real entre lo que está ocurriendo con los ataques y la conducta de su mandatario, un vaso que los comunica y que inicia en todos los discursos de odio que el propio Trump se ha encargado de proliferar, tan severas son las actitudes de ese presidente que como semilla se van regando en la psique de muchos locos de closet y que encuentran un estado de putrefacción adecuado para estallar en contra de sus semejantes.

Quien asesina se siente con la supremacía de hacerlo, tiene esa mezcla de odio e irracionalidad que lo llevan a matar sin otro sentido que el del placer de hacerlo, aun así les cueste la vida, ellos, los criminales ya cumplieron con su cometido que es el de provocar el mayor daño posible y pasar del anonimato a una insana popularidad bañada en sangre inocente, y aunque no se quiera reconocer Trump abona todos los días para que las condiciones de crispación en una sociedad abandonada se den, si el presidente Trump fuese un tipo conciliador, de paz, alejado de su saliva amenazante sin duda calmaría o generaría una visión contraria a la de la violencia, pero Trump es un loco, un psicótico y resulta ser altamente contagioso, ya varios especialistas en desórdenes mentales lo han advertido, Trump es un peligro real para los Estados Unidos y para la humanidad, colegios de psiquiatras enteros en la Unión Americana han dado su veredicto: Trump está loco y esa locura se está diseminando en su país, detonando en otras mentes dañadas el gatillo que las hace volarse de la realidad y saldar con sangre y muerte su absurda existencia, es, insisto, el mejor rasgo de la supremacía de los idiotas.

Súmele a que las armas son el juguete favorito de los gringos, tanto que pueden poseer verdaderos arsenales sin que un milímetro de conciencia los mueva.

El impero norteamericano está en peligro tras el incendio del Nerón moderno de Trump, el los está enterrando y la ignorancia gringa lo está permitiendo, ahora somos espectadores de atacantes aislados, de seguir esto veremos capítulos mucho más graves, no de un loco con cuernos de chivo, sino de un enfermo que envenene el agua o esparza algún químico en el aire. Los seguidores de Trump están igual o peor de enfermos. De eso ya no hay duda.

compartir